GRACIAS BELLA DAMA
POR REGALARME UN LIBRO.
Relatos cortos de una tarde de
cuatro paredes…..
Ese libro que en un inicio no era
atractivo leer, que incluso contaba con pocas hojas escritas, quizás apenas un
prologo bien logrado, recuerdo decidiste regalármelo; lo pusimos entre las
manos, el olor de su papel y sus texturas nos invitaban en todo momento a fundirnos
en sus páginas limpias, recuerdo una tarde de cuatro paredes, tazas de café,
sabanas limpias cigarrillos muchos cigarrillos y música de fondo, entre charlas
de recuerdos que agonizaban, relatos interesantes de sucesos que trotaban, entre la tristeza y lo absurdo, entre la
experiencia y la moral, momentos de risas, llanto y amargura, mezclados en un coctel
perverso, la tarde se tornaba ocre, y el libro permanecía listo para abrir su
alas a otras historias, mi propia historia, era entonces cuando de vez en
cuando ajustaba las canciones para mantener la atmosfera adecuada, nuestras
miradas se encontraban una a otra, reflejaban ese jardín secreto de una historia de fantasía
jamás contada y con una inmensa lentitud, yo añoraba tu forma de llegar a mi, y mantenerte.
Nunca tarde, nuca antes, nunca
después, siempre a tiempo. Se terminaba la luz de un día de cuatro paredes, y
con la misma lentitud tu presencia se difumaba con la escurridiza luz de ese
ocaso, a un así seguíamos contando esas experiencias, sonreías y yo lo hacía al
doble, no entendía que de alguna manera estabas diciendo –lo comprendes
ahora??- ya es tiempo- entre líneas creías que sería mejor romper con todos
esos días de caminar de la mano.
Así que sin saberlo solo lo entendí. Sabia nos conocíamos de mucho tiempo atrás, - lo sabia en el fondo, así que lo admití;
después de unas horas más; te habría dejado en aquel sótano de mi historia, en
el fondo mas profundo y olvidado, desde aquel día jamás bella dama recriminaste mi desdén por
ti, en un día de noviembre, en esa noche de frio y cine a las afueras de un
centro comercial mientras conversaba y esperaba el transporte con quien rompió
la legendaria historia de nuestros días, jamás me miraste a los ojos otra vez,
al menos por todo ese periodo hermoso y largo desapareciste, te mantuviste viva
observando desde la altura de aquella
torre donde solías habitar desde siglos atrás. incluso olvide tu palpitar junto
al mío, recuerdo robaste esa llave del sótano, recuerdo los primeros días en
los primeros atisbos, en mis primeras reacciones y efectos de aceptar que ya no
estabas aquí, con las manos temblorosas baje en tu búsqueda, y la puerta se
encontraba atorada con algún inmenso poder que rechazaba mis fuerzas al querer
abrirla, subí corriendo hasta mi conciencia, me senté a charlar con la
metodología, genere posibles ecuaciones y demasiadas preguntas, con muy pocas
respuestas, al menos respuestas concretas, el ruido de las hojas del libro que
habías dejado llegaba como la marea del océano a las 5 de la tarde, y aumentaba
cual estruendo de una tormenta que se aproximaba. Lapsos cortos de razón, y un
inminente miedo a lo que pasaría después de mi desdén por ti bella dama, era
tal vez la primera vez que ocurría?.... siendo sincero no lo era, solo que no
admitía que la ocasiones anteriores hubiese sido algo muy certero, aun así
sabia que de alguna forma ya había ocurrido, en esta ocasión el olor del libro
era totalmente distinto y embriagador,
así que pensé por un momento si tu atesorarías en algún sitio de la
altitud de tu torre, todas aquellas caminatas a casa por las tardes, por las
noches de lluvia, donde solo escuchaba tus pasos al unisonó de los míos, que sería
de las tardes noches de cuatro paredes música cine anécdotas y cigarrillos
entre letras de relatos cortos, de experiencias?? Una y tantas preguntas asediaban
mi razón con un miedo como telón de fondo, en aquella tarde noche de cuatro
paredes, donde no hubo tiempo de decir adiós, la noche había dejado caer su
manto lleno de un bagaje que efectivamente atesorarías, todo lo que ocurrió
tiempo después, es de sobra plasmarlo en estas letras, un tiempo de viento a favor
y días de gloria, hasta que el estruendo de aquel rallo de indiferencia
escribió y firmo con dedicatoria la pagina final del libro que habías dejado en
mis manos mucho tiempo atrás y en el cual había escrito absolutamente toda mi
historia de esos días de gloria, cada página del libro se había convertido en
las tardes de cuatro paredes, de charlas mezcladas en el coctel que ahora era
más bien una posible formula de algo que todo mundo está buscando, con errores
y aciertos, un coctel que escondía la formula o ecuación con el resultado
certero, y en los días subsecuentes a tener nuevamente ese libro entre mis
manos, fue como empecé a escuchar ese sonido de las hojas como la marea de las
5 de la tarde, ahora, ahora el olor era más fuerte, ese olor a papel húmedo, a
papel rancio, ese bello olor a biblioteca del siglo XX, y entonces sentado
entre sabanas llenas de sudor, en esa tarde noche de cuatro paredes supe que
estabas por volver, no lo aceptaba, creía habían pasado solo unos minutos,
cuando en realidad eran más de dos lunas desde que el rayo escribiera la ultima
pagina del libro anterior, no quería saber que volverías, bella dama rechazaba tu
llegada, aun así en aquella tarde noche de cuatro paredes te vi entrar por mi
puerta, sentarte a mi lado, sonreírme con la naturaleza de siempre, te mire,
nada en ti había cambiado, absolutamente nada había sufrido el paso de este
tiempo, extendiste tu mano a la mía, mientras tu otro brazo sacaba de entre tu
veló otro libro con quizás apenas un prologo bien logrado….
Ahora en ocasiones hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos, una
frontera de palabras no dichas entre tus
labios y mis labios, aunque claro; hoy se
que la soledad nuca vuelve sola…siempre trae un libro consigo…

2 comentarios:
La soledad siempre quiere contar una historia... Me encantó este texto hermano!!! Bravo!!
ya eh vuelto hermano....gracias...efectivamente la soledad siempre quiere contar una historia...lo mejor es que siempre es una historia con el alma....
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