Un cielo Azul...

| martes, 10 de julio de 2012

Era un cielo extraño, parecía haber sido un campo de batalla donde la sangre se derramaba y coagulaba, un cielo sin límites, un cielo cuyas fronteras amuralladas eran inexistentes. Sus tonos nacían desde un rojo ensangrentado en las cercanías donde el sol vivía y el azul lo llenaba hasta la bóveda circular donde la luna descansaba.

Una dama lo observaba, de sus nubes se enamoraba, en ellas veía formas, lo que su mente anhelaba, su corazón sentía y su cuerpo creía. La dama lo pensaba, la dama le esperaba.

Y él le respondía de la misma forma, con sus colores llenando el pequeño espacio entre la eternidad y el alma de la que lo observaba. "Esta noche se derramará sangre".

Su mirada se perdía sin que ella lo notará, si su mente volaba ella no lo sentía, simplemente se dejaba llevar por la voz del viento, la sonrisa de unas nubes aterciopeladas y el color rojo que nacía en la cima de las montañas nevadas que en el horizonte se dibujaban. Y ellas también le hablaban.

"Qué hermoso" se decía "qué bello campo de batalla, cuanta calma se dibuja en su rostro, cuanta paciencia le regala a mi mirada". Ella no veía, sólo escuchaba lo que este le contaba, ella sentía con cada fibra de su cuerpo, y cada célula vibraba, cada átomo le creaba una explosión nuclear de adrenalina. "Oh, mira, una rosa se acaba de dibujar... ¿O acaso es un Tulipán?".

-Es una orquídea en realidad-Le habló sin dejarse observar -Me atrevería a besarte si tan sólo tuviera una forma, me atrevería a tomarte si tuviera un cuerpo, y me atrevería a llenarte si tan sólo tu mirada pudiera encontrarme.

-Bésame y déjame pensarte, tómame sin que nada llegue a importarte, y lléname, lléname con caricias, vamos, posee cada célula de mi cuerpo.

-Que así sea, y como testigo pongo al cielo que de tus palabras haré melodías y renacerán tras cada uno de tus silencios impregnados en tu cuerpo.

Y el cielo mudo observó, con sus nubes dibujó un relato silencioso que sólo podrían admirar aquellos que lo vieran en el momento y lugar preciso, los impregnó de luces y colores purpúreos sanguinolentos. La dama que lo observaba ahora quedó bañada en sudor pasional provocado por la dedicación que le entregaba al ser no terrenal.

Era una batalla en tierra y aire que volcaba la mirada a vacíos blancos y gritos largos, y la dama gemía, temía y gozaba mientras sufría. Y el cielo fue testigo, se llenó de vacíos y hoyos negros, y luego nació el fuego.

El ser se aferraba fuertemente a la dama, le mordía los labios, le apretaba los pechos y poseía completamente su sexo, y las manos de la dama flotaban abrazadas a un cuerpo que no se notaba en el viento. Ella, sin saber de donde llegaba ese sentimiento, ya le odiaba, y le odiaba profundamente por haberle llenado de lujuria el cuerpo, le odiaba por haber corrompido su mente, por llenarla de deseo.

Y así como el ser llegó desapareció, la dejó tumbada sobre la hierba, desnuda y sudada, con la ropa desgarrada, su voz sin aliento y los ojos mirando al final del tiempo, ella lo anheló, deseó volver a sentir el odio que apenas unos minutos antes la llenó.

El cielo la observó, deseó tener un cuerpo para poseerla de nuevo, besarla con nubes y lluvia, y presionar firmemente aquellos pechos, besarle el vientre, mecerla con el viento. El fuego caía, el fuego y los agujeros negros ahora todo lo consumían... Y se hizo el silencio, en un ardor de deseo la dama le ofreció su cuerpo, el la tomó, la llenó de nuevo y lo siguió haciendo hasta donde nada habita, donde sus ojos veían, hasta el final del tiempo...

3 comentarios:

Unknown dijo...

¡Qué bello cielo!...

Unknown dijo...

completamente entrañable bro....

Unknown dijo...

En verdad lo era Señorita, Carnal ^^... Entrañable y hermoso, tanto que la dama lo añoraba ^^

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