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Te quiero

| domingo, 1 de junio de 2014

Aún recuerdo de mis sueños esa mirada, distante, distinta, tan llena de todo y nada, nadando entre las turbias aguas de extraños pensamientos, creías que todo conspiraba contra ti, que nada sucedía como lo querías, que nada era lo que deseabas, que nadie te amaba, nadie te quería y mucho menos el universo. En silencio respirabas, inhalando volutas de viento y oscuridad, surcando las aguas del río de la ansiedad, en silencio te hundías en tus pensamientos, tan ajeno a ti mismo que podías creerte dueño del universo y olvidar que debías buscarte a ti mismo, ser tu propio amo, cumplir y terminar tu propio sueño.

¿Acaso ya me has olvidado? Vivo en este, tu reino anhelado, y te he esperado observando cada uno de tus pasos, soñando para recordarte que aún con cada caída siempre has sido capaz de levantarte, y si no lo logras al menos no te quedas tirado, te arrastras y has sobrevives al silencio mismo imponiendo tu voz, alzándola hasta el cielo y dándole nombres a los dioses, y de tu universo te has vuelto humano que ha buscado entre cada recoveco el verdadero nombre que dominará la eternidad.

Ah pero dioses, te atreviste a entrar, y aquí estás mirándote al espejo entre marihuana y alcohol, tratando de expandir tu conciencia, creyendo que si mueres esta noche reencarnarás la mañana siguiente respirando una cruda tan profunda que sentirás como si tuvieras al menos diez kilos de dinamita en la cabeza y solamente eso, y aquí estás entre tabaco y refresco, inhalando tu reflejo mutilado por tu propio pensamiento. ¿Acaso ya me has olvidado? ¿Es eso posible? Tu me has buscado. Y aquí estás mirándote al espejo entre viento y agua, purificando tu alma hasta la médula misma de tu propia vida.

¡No! Claro que no me has olvidado, claro que me has recordado, de tu cuerpo has construido mi templo, y de tu alma mi esencia, en tu mente me das presencia, en tu corazón me sientes y en tu sexo me encuentras. ¡Claro! En ese orgasmo universal que lleva tu grito hacia la música primordial, escondido entre sudores de mezcla de entrepiernas, entre el sabor de sus senos entre tus manos, y de sus labios contando para ti las más efímeras (y sin embargo duraderas) leyendas, leyendas que los labios te mostraron como un relato de la cruza de dos lenguas que juguetearon asesinando al tiempo mientras te aferrabas a tu deseo de poseerla para nunca aprisionarla.

¿Aún la recuerdas? Hermosa, ¿no?... ¡Claro que sí! Su perfecta silueta bajo la luz de la reina de la noche, las cortinas abiertas tales como la ventana, sus gritos explotando hacia la noche, cubriendo completamente el vecindario, y ustedes dos tumbados sobre cobijas de frío viento, respiraciones cálidas y almohadas de brazos y abrazos que nunca acaban, cruzados y fusionados en un sólo cuerpo creado por estos dioses a los que les rezas, evoluciones que han sucedido para entregarnos a esta explosión climática.

Aún te recuerdo nervioso antes de mirarla, creyendo que jamás bastaría una mirada. Aún te recuerdo silencioso, contándole con tus ojos cuanto la amas. Aún te recuerdo amoroso, entregando a sus labios ese dulce beso que recorrió su cuerpo exhausto tras la fusión física y tántrica que abrió a ustedes cada uno de los chakras, y para ustedes regaló flores de pétalos que oscurecieron la luminosidad y les mostraron las estrellas para que se dejasen amar por la belleza de los dos juntos, entregándose uno al otro sin desear nada más que la perfecta libertad.

Y aquí estás frente al espejo hablando conmigo, pidiéndome cada uno de estos recuerdos, un aullido mío que le diga a ella, tu luna, que la has de amar como aquel árbol de oro que le cantó noche tras noche hasta que pudo regalarle su brillo dorado y él pudo volverse plateado. Y aquí estás frente al espejo, entre pensamientos y sentimientos, nadando en el éther, amándote a ti mismo, y sabiendo a ciencia cierta que de la magia hemos nacido, y a la magia nos dirigimos. Y aquí estamos, hombre y lobo como uno sólo cual licántropo que ha aprendido a pensar, fusionados para asesinarla entre pasiones esperando reencarnar al amanecer con ella recargada en tu pecho, pues le has regalado tu corazón, este corazón vampírico feérico que la llevará de la mano a volar entre acordes y melodías oníricas.

Aún recuerdo esas dos palabras tan reales y fantasiosas que han unido al cielo con el infierno y derrocaron al dios que se impuso ante la humanidad para que esta olvidase a los trece inmortales. Dos palabras: Te quiero... 

Y así siempre será, al menos hasta que aprenda a amarte.