Que
de la luz del Sol nacen las sombras,
Y de
aquella de la Luna la oscuridad se ilumina,
Pues
el reflejo del Rey del día llega hasta las bahías escondidas,
Y el
de la Reina de la noche hasta algunas otras.
Es
del día todo lo que a la mente llena,
De
la noche la magia de las almas encontradas,
Silenciosas
sobre piedras las sirenas evitan ser atrapadas,
Ocultas
a la luz del sol, solo vistas con la luna serena.
Vigilando
siempre los barcos errantes,
Observando
desde la oscuridad el brillo de las miradas,
Esperando
a cantar con sus voces elevadas,
Y
poder atraer a los hombres navegantes.
Con
el tiempo el hombre del mar aprendería,
Historias
serían contadas de aquellas en las costas,
De
hombres que eran devorados de formas monstruosas,
Cada
vez con mayor fuerza se les temería.
Pero
en estos tiempos extraños ellas solo observaban,
Un
barco negro llegó por el horizonte,
De grandes
velas y al centro un mástil enorme,
Al
frente veían en la madera tallada una figura semihumana.
Una
mujer de facciones hermosas,
Su
cabello ondulaba protegiendo a la nave del agua,
Sobre
su torso delgado y cuello delicado bajaba,
Y
desde la cintura una cola de pescado majestuosa.
Extraña
era aquella entre hombres llamada mujer,
¿Qué
es lo que en aquel barco hacía?,
Sin
duda alguna adorno de hombres, de su mente nacida,
Sueño
de pescadores y conquistadores de las tierras de ayer.
La
reina de las sirenas en el mástil central se posó,
Observó
a la tripulación y buscó al capitán del barco,
Lo
encontró observando al horizonte tras su timón en lo alto,
Con
cuidado sus alas levantó y al lugar tras él voló.
Con
dulce voz habló aquella,
¿Qué es lo que en tu barco va al frente
tallado?
El
capitán sorprendido por la voz respondió asustado,
El temor de los marinos, una hermosa Sirena.
Rió
el ave con cabeza de mujer,
Para
sus adentros quería decirle que así no eran ellas,
Pero
su voz cantó algo más: En verdad son
bellas,
Se
admiró el capitán del navío del atardecer.
Regresó
la reina a sus piedras en la arena,
¿Qué es lo que vimos al frente del Barco
Gigante?
Preguntaron
las aves con aire expectante,
Así es como nos ve el hombre a las Sirenas.
Rieron
entonces las bestias,
Su
hambre pie en puerta no disminuía,
Les mostraremos que no somos lo que creían,
Alzaron
entonces el vuelo dejando sus piedras.
En
el cielo se elevó un canto,
Marinos
comprendieron de golpe lo que sucedía,
El
capitán giró su timón para alejarse de la bahía,
Y
las Sirenas rieron otro tanto.
Hombre del mar, tu mente te engaña
En piedras sobre la arena nos encuentras,
Más no somos aquellas bellas doncellas,
Somos el temor de la noche a la mañana.
Desde el agua y el aire te acechamos,
Miramos como actúas y nos elevamos,
Con pericia te observamos,
Y entonces comienzan nuestros cantos.
Así es, somos Sirenas,
Pero no vestimos colas de pescado,
Lamentamos decirles, esas ustedes las han
inventado,
Somos bestias de alas gruesas.
Delicadas surcamos el cielo,
A ustedes lentamente nos acercamos,
Con nuestra voz el amor en sus oídos ha
comenzado,
Son esclavos del sufrimiento eterno.
Acérquense a las orillas,
Lamentamos decirles, los tenemos rodeados,
Es imposible, aunque lo traten, escapar de
nuestro canto,
Vamos caminen, son ordenes sencillas.
Así
los marineros cayeron en las redes,
Caminaron
por sus planchas y se aventaron al agua,
Nadaron
obedientes hasta alcanzar las playas,
Ahí
las aves los atraparon en las paredes.
Que
de la luz del Sol nacen las sombras,
Y de
aquella de la Luna la oscuridad se ilumina,
Pues
el reflejo del Rey del día llega hasta las bahías escondidas,
Y el
de la reina de la noche hasta algunas otras.
Es
del día todo lo que a la mente llena,
De
la noche la magia de las almas encontradas,
Silenciosas
sobre piedras las Sirenas evitan ser atrapadas,
Ocultas
a la luz del sol, solo vistas con la luna serena.
La
leyenda del gran navío fue contada,
Pues
para las sirenas siempre uno escapaba,
El
que no las había visto sobre las laderas escarpadas,
Para
que la historia de su brutalidad fuera relatada.
Allá
bajo la luz de luna ocultas se encuentran,
Aves
con cara de mujeres bellas,
Dóciles
en el día y en la noche fieras,
Todas
juntas atacan, siguiendo a su reina.
Para
el hombre tienen otra forma,
Sangre
en cuerpo de mujer de cabello ondulado,
Y de
cintura para abajo, cola de pescado,
Pero
siempre se cuenta lo mismo, que son ellas el final de las horas…