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Muerte...

| sábado, 16 de enero de 2010

Te soñé, estabas ahí sentada, dulcemente acurrucada, esperabas algo, no se si una caricia, un abrazo o una mirada que profundizara en tus ojos y hurgara en tu alma...
Te desee, mire mis manos acercándose a tu cuerpo, buscando entre las sombras la ligereza de tu pelo, y comencé a sentirme extraño, entre vacío y lleno, como si muriera, como si desapareciera, encontré la causa, tu habías encontrado mis ojos, observabas en la oscuridad sin saber siquiera lo que pasaba, y mi alma hervía de rabia...
Era tanta el ansia que comencé a obsesionar las ideas que surgían en aquella profunda oscuridad, era tanta la rabia que desee despertar, y sin embargo quería seguir viéndote observándome en la eternidad, llenando mi corazón de plomo y mis ideas de intranquilidad, y seguías ahí sentada, acurrucada en mi cama, esperando que de mi boca manaran palabras que relataran, como si se tratase de una batalla épica, la fuerza de tu mirada...
Y comencé a hablar, diciéndote cuanto te deseaba, cuanto necesitaba sentir tus pechos en mis manos y tu boca en la mía llenándome con tus labios, continué narrando la histórica lucha que hubo entre nuestros ojos mientras cada uno se infiltraba en los contrarios para descubrir tácticas eternas de amor milenario, terminé mostrándote el sudor frió que recorría mi espalda cuando al fin terminaba de hacerte el amor después de que hubieses estado sentada en mi cama, entonces ya no estabas acurrucada, ahora estabas recargada en mi pecho, rodeada por mis brazos, y siendo tocada dulcemente por mi tacto...

Y seguía sintiendo tus ojos en los míos, su ninfo manía me invadía cada vez mas y mas, y mas, y mas, y deseaba desencadenar aquella lucha terrenal otra vez en la oscuridad, comenzaba a buscarte de nuevo, pero esta ocasión no era tu cabello, me adentre en el miedo, al fin acababa, habías desaparecido así como habías llegado, simplemente sin dejar rastro, me adentré en lo que creía que era nada, las ideas se despejaban y el corazón ya no pesaba, y todo se cubrió de negro, de oscuridad, y disfrute de la búsqueda al no saber que habría mas allá...
Y comencé a hablarte de lo que había sentido, tu mirada alimentó mi necesidad y tu cuerpo la sació con brusquedad, seguías diciéndome que te tomara, que bebiera tus energías y las fundiera con las mías, me incitabas, seguías susurrándome que no te dejara hasta que estuvieras sumamente cansada, y yo te necesitaba, tu cuerpo se convirtió en mi capilla, y tu mente en mi Diosa, tus palabras eran mis musas, y tus peticiones se volvieron mi droga...

Y comencé a mirarte, totalmente desnuda, cubierta solamente por la tenue luz de una luna bizarra, escuchaba tus palabras como si Wagner tocara para mi, e invocara a sus valquirias en tu cuerpo sobre mi cama, comencé a... ¡Desearte!... ¡Obsesionarme!... ¡Comencé a soñar que te soñaba!... ¡¡Sin poder dejarte!!... Y empezaba, y se repetía, y se repetía ¡Y SE REPETÍA! ¡¡Y SE REPETÍA!!... sin poder dejar de tocarte, si poder separarme ni siquiera un misero instante, y la ninfo manía me consumía cada vez mas y mas Y MAS ¿Y mas?
Y no deje de hablarte... ni de besarte, ni de tocarte, ni de amarte, ni de desearte... 
Y no volví a despertar... Todo acabo cuando tus ojos me llevaron a la eternidad... Y tu dulce beso final paralizo mi corazón lleno de pasión... Y tu dulce toque final separo a mi cuerpo de mi alma...
Aun recuerdo tus labios... aquellos dulces labios que me dejaron inerte, mientras tu, tímidamente, volvías a acurrucarte en mi cama...