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Luz de Luna de Sirenas

| jueves, 27 de septiembre de 2012




Que de la luz del Sol nacen las sombras,
Y de aquella de la Luna la oscuridad se ilumina,
Pues el reflejo del Rey del día llega hasta las bahías escondidas,
Y el de la Reina de la noche hasta algunas otras.

Es del día todo lo que a la mente llena,
De la noche la magia de las almas encontradas,
Silenciosas sobre piedras las sirenas evitan ser atrapadas,
Ocultas a la luz del sol, solo vistas con la luna serena.

Vigilando siempre los barcos errantes,
Observando desde la oscuridad el brillo de las miradas,
Esperando a cantar con sus voces elevadas,
Y poder atraer a los hombres navegantes.

Con el tiempo el hombre del mar aprendería,
Historias serían contadas de aquellas en las costas,
De hombres que eran devorados de formas monstruosas,
Cada vez con mayor fuerza se les temería.

Pero en estos tiempos extraños ellas solo observaban,
Un barco negro llegó por el horizonte,
De grandes velas y al centro un mástil enorme,
Al frente veían en la madera tallada una figura semihumana.

Una mujer de facciones hermosas,
Su cabello ondulaba protegiendo a la nave del agua,
Sobre su torso delgado y cuello delicado bajaba,
Y desde la cintura una cola de pescado majestuosa.

Extraña era aquella entre hombres llamada mujer,
¿Qué es lo que en aquel barco hacía?,
Sin duda alguna adorno de hombres, de su mente nacida,
Sueño de pescadores y conquistadores de las tierras de ayer.

La reina de las sirenas en el mástil central se posó,
Observó a la tripulación y buscó al capitán del barco,
Lo encontró observando al horizonte tras su timón en lo alto,
Con cuidado sus alas levantó y al lugar tras él voló.

Con dulce voz habló aquella,
¿Qué es lo que en tu barco va al frente tallado?
El capitán sorprendido por la voz respondió asustado,
El temor de los marinos, una hermosa Sirena.

Rió el ave con cabeza de mujer,
Para sus adentros quería decirle que así no eran ellas,
Pero su voz cantó algo más: En verdad son bellas,
Se admiró el capitán del navío del atardecer.

Regresó la reina a sus piedras en la arena,
¿Qué es lo que vimos al frente del Barco Gigante?
Preguntaron las aves con aire expectante,
Así es como nos ve el hombre a las Sirenas.

Rieron entonces las bestias,
Su hambre pie en puerta no disminuía,
Les mostraremos que no somos lo que creían,
Alzaron entonces el vuelo dejando sus piedras.

En el cielo se elevó un canto,
Marinos comprendieron de golpe lo que sucedía,
El capitán giró su timón para alejarse de la bahía,
Y las Sirenas rieron otro tanto.

Hombre del mar, tu mente te engaña
En piedras sobre la arena nos encuentras,
Más no somos aquellas bellas doncellas,
Somos el temor de la noche a la mañana.

Desde el agua y el aire te acechamos,
Miramos como actúas y nos elevamos,
Con pericia te observamos,
Y entonces comienzan nuestros cantos.

Así es, somos Sirenas,
Pero no vestimos colas de pescado,
Lamentamos decirles, esas ustedes las han inventado,
Somos bestias de alas gruesas.

Delicadas surcamos el cielo,
A ustedes lentamente nos acercamos,
Con nuestra voz el amor en sus oídos ha comenzado,
Son esclavos del sufrimiento eterno.

Acérquense a las orillas,
Lamentamos decirles, los tenemos rodeados,
Es imposible, aunque lo traten, escapar de nuestro canto,
Vamos caminen, son ordenes sencillas.
  
Así los marineros cayeron en las redes,
Caminaron por sus planchas y se aventaron al agua,
Nadaron obedientes hasta alcanzar las playas,
Ahí las aves los atraparon en las paredes.

Que de la luz del Sol nacen las sombras,
Y de aquella de la Luna la oscuridad se ilumina,
Pues el reflejo del Rey del día llega hasta las bahías escondidas,
Y el de la reina de la noche hasta algunas otras.

Es del día todo lo que a la mente llena,
De la noche la magia de las almas encontradas,
Silenciosas sobre piedras las Sirenas evitan ser atrapadas,
Ocultas a la luz del sol, solo vistas con la luna serena.

La leyenda del gran navío fue contada,
Pues para las sirenas siempre uno escapaba,
El que no las había visto sobre las laderas escarpadas,
Para que la historia de su brutalidad fuera relatada.

Allá bajo la luz de luna ocultas se encuentran,
Aves con cara de mujeres bellas,
Dóciles en el día y en la noche fieras,
Todas juntas atacan, siguiendo a su reina.

Para el hombre tienen otra forma,
Sangre en cuerpo de mujer de cabello ondulado,
Y de cintura para abajo, cola de pescado,
Pero siempre se cuenta lo mismo, que son ellas el final de las horas…
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Donde comienza todo...

| martes, 11 de septiembre de 2012

Que si todo humano comienza en el nacimiento, o las palabras en el silencio, la melodía en un tono, la imagen en un trazo... El amor con una mirada... Eso es tan cercano a la verdad como lejano, pues todo comienza en la nada... Con melodías solo inteligibles por el alma del hombre que las aprecia hasta que acaban.

De pensamientos que nacieron de las mismas ideas, las esencias de las palabras.... Del arte de expresarse, del arte de imaginarse, de la sabiduría de los labios que tocan labios, cuerpos que chocan contra cuerpos, y completos abrazos en donde se funden los deseos... Cuando los ojos se encuentran, cuando las almas se miman...

Cuentan que el lugar donde todo comienza nunca ha sido encontrado, que los iluminados no conocen la oscuridad, y han huido cuando la han encontrado, que la luz la espanta, la asesina, la mata... Que el lugar donde todo comienza es un lugar encantado, con dragones y hadas, sobre las nubes, bajo las montañas, con vampiros que se vuelven murciélagos volantes, y monstruos bajo la cama... La belleza (Que es lo que más se le acerca a la verdad humana) de esta historia, es saber que el lugar donde todo comienza es en la mirada de una dama, o para ellas en el beso de su caballero... En el silencio que se crea en la oscuridad sobre su cama... O en los ojos, allá donde reside el alma...