Se llena el pensamiento de un algo que lejos de inundarlo lo seca y lo acaba, es como si buscara las palabras necesarias para crear un pensamiento suicida, las imágenes complementarias de un anhelo y unas ansias extrañas de acabar con una vida propia, una vida marchitada.
Fueron tus ojos los que iniciaron el fuego, los dioses creyeron que había sido el titán Prometeo el que se los robaba y lo condenaron por ello, pero no fue él, fuiste tu mujer de la dulce mirada, pues tu alma rugía deseando que la tomara, y tus labios me gritaban suplicantes que los besara.
En mi corazón nació la llama, y solo bastó una de mis ideas para que todo eso se propagara, comenzó en mi pecho, ascendió a mi cara, profundizó a mi mente, y en ella llegó a mi subconsciente, y ahí es donde te estableciste...
Una mirada café clara, comenzando a tornarse verde, llena de vida, llena de pensamientos inertes... Una mirada que se quedó clavada en el espejo, y ahora, cada amanecer es lo primero que veo, tus ojos hermosos, tus labios sonrientes, tus pechos perfectos... Estiro la mano para tocarlos y tu me detienes, tus ojos me la dirigen más abajo, al pozo olvidado...
Fueron tus ojos los que iniciaron el fuego, fuiste tu, mujer de mi vida, la que no quiso apagarlo...
Fueron tus ojos los que iniciaron el fuego, los dioses creyeron que había sido el titán Prometeo el que se los robaba y lo condenaron por ello, pero no fue él, fuiste tu mujer de la dulce mirada, pues tu alma rugía deseando que la tomara, y tus labios me gritaban suplicantes que los besara.
En mi corazón nació la llama, y solo bastó una de mis ideas para que todo eso se propagara, comenzó en mi pecho, ascendió a mi cara, profundizó a mi mente, y en ella llegó a mi subconsciente, y ahí es donde te estableciste...
Una mirada café clara, comenzando a tornarse verde, llena de vida, llena de pensamientos inertes... Una mirada que se quedó clavada en el espejo, y ahora, cada amanecer es lo primero que veo, tus ojos hermosos, tus labios sonrientes, tus pechos perfectos... Estiro la mano para tocarlos y tu me detienes, tus ojos me la dirigen más abajo, al pozo olvidado...
Fueron tus ojos los que iniciaron el fuego, fuiste tu, mujer de mi vida, la que no quiso apagarlo...
